
Well, if you're travelin' in the north country fair,
Where the winds hit heavy on the borderline,
Remember me to one who lives there.
She once was a true love of mine.
Please see for me if her hair hangs long,
Please see for me if her hair hangs long,
That's the way I remember her best
BOB DYLAN
Sentados en el teatro del aquel High School de Seattle, mis amigos y yo veíamos entrar a Lara. Alardeaba de que su madre era hippy y ella había vivido hasta el años anterior en San Francisco.
Aparecía con su largo pelo rubio, sus grandes ojos verdes y felinos, alta y espigada, sus vaqueros ceñidos en torno a ese rotundo y estilizado trasero y una chaqueta de ante con flecos. Al entrar contoneándose como una orgullosa vaquera iba despidiendo ese inconfundible perfume de hembra altanera y narcisa… con fondo amargo. Los tacones de sus botas camperas resonaban desde lejos y el eco de su risa rompía contra las puertas metálicas del auditorio. Ya lo decía mi primo... Te queda grande, chaval. Pero yo nunca hacía caso de mi primo...
Para mí era como una ninfa escandinava salida del señor de los anillos, un comic gótico de guerreras fantásticas o una canción de Led Zeppelin, como esa chica que venía de California “with love in her eyes and flowers in her hair”… como un retazo tardío y fragante de la moribunda Norteamérica de los sesenta.
Sólo una vez besé sus labios, mientras ella oprimía su cintura contra la mía.. para darme celos con otro, más que nada. Fue en esa primavera del 85, contra el tronco de uno de esos enormes abetos del parque… y al revolcarnos en la hierba, destrozamos los poemas escogidos de William Blake.
Otras noches, yo le leía la carta del Jefe Sealth o el On the Road the Kerouack y ella decía que me quería, que un día me llamaría y nos pasearíamos por las carreteras de la costa en un viejo mustang rojo y haríamos el amor como siempre habíamos soñado, en un delirio de porros y whisky, sobre la fresca hierba, en la noche estrellada, bajo la gran montaña sagrada de los indios… escuchando Stairway to Heaven, una vez más…
Pero era sólo un cuento que ella me contaba con esos grandes ojos, y sus labios, cerca... demasiado cerca de mi oído, una bonita historia de inflamados amores imposibles que Dylan convirtió en canción veinte años antes
Tú, ángel rubio de la noche,
ahora, mientras el sol descansa en las montañas, enciende
tu brillante tea de amor
Se llamaba Lara… era esquiva como el rayo de luna que perseguía Bécquer en el bosque de la noche, que cuanto más se acercaba, más lejos viajaba su reflejo.
Sentados en el teatro del aquel High School de Seattle, mis amigos y yo veíamos entrar a Lara. Alardeaba de que su madre era hippy y ella había vivido hasta el años anterior en San Francisco.
Aparecía con su largo pelo rubio, sus grandes ojos verdes y felinos, alta y espigada, sus vaqueros ceñidos en torno a ese rotundo y estilizado trasero y una chaqueta de ante con flecos. Al entrar contoneándose como una orgullosa vaquera iba despidiendo ese inconfundible perfume de hembra altanera y narcisa… con fondo amargo. Los tacones de sus botas camperas resonaban desde lejos y el eco de su risa rompía contra las puertas metálicas del auditorio. Ya lo decía mi primo... Te queda grande, chaval. Pero yo nunca hacía caso de mi primo...
Para mí era como una ninfa escandinava salida del señor de los anillos, un comic gótico de guerreras fantásticas o una canción de Led Zeppelin, como esa chica que venía de California “with love in her eyes and flowers in her hair”… como un retazo tardío y fragante de la moribunda Norteamérica de los sesenta.
Sólo una vez besé sus labios, mientras ella oprimía su cintura contra la mía.. para darme celos con otro, más que nada. Fue en esa primavera del 85, contra el tronco de uno de esos enormes abetos del parque… y al revolcarnos en la hierba, destrozamos los poemas escogidos de William Blake.
Otras noches, yo le leía la carta del Jefe Sealth o el On the Road the Kerouack y ella decía que me quería, que un día me llamaría y nos pasearíamos por las carreteras de la costa en un viejo mustang rojo y haríamos el amor como siempre habíamos soñado, en un delirio de porros y whisky, sobre la fresca hierba, en la noche estrellada, bajo la gran montaña sagrada de los indios… escuchando Stairway to Heaven, una vez más…
Pero era sólo un cuento que ella me contaba con esos grandes ojos, y sus labios, cerca... demasiado cerca de mi oído, una bonita historia de inflamados amores imposibles que Dylan convirtió en canción veinte años antes
¿Te acuerdas... Lara Federlein, o Lara Pederson o Lara in the Sky with Diamonds...?
....
Tú, ángel rubio de la noche,
ahora, mientras el sol descansa en las montañas, enciende
tu brillante tea de amor
WILLIAM BLAKE

